Encuentros du cinema

Entre copas, risas y depresiones

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Los estados depresivos son un mal que azota y atormenta la existencia de las sociedades modernas y desarrolladas, aquellas de arriba de la pirámide de Maslow, donde las necesidades más básicas parecen cubiertas para la mayoría de sus habitantes. Las estadísticas son escalofriantes y me atrevería a decir que todos conocemos a alguien que ha utilizado Diazepam o similares para dormir, antidepresivos para vivir una temporada o que ha acudido a algún terapeuta para reorganizar sus ideas o emociones. Las causas de este efecto son variadas, comenzando por las tendencias genéticas.

Entre dichas causas, los duelos mal gestionados  y las situaciones de toxicidad en las relaciones están entre las múltiples variables que suman apabullantes visitas a psicólogos y médicos. Hablo de lo que los especialistas gustan de llamar dependencia emocional y que viene a ser definida como un trastorno caracterizado por el establecimiento de relaciones marcadas por la sumisión, la obsesión, la idealización del otro, la vulnerabilidad extrema y el miedo al rechazo, trayendo como consecuencias más evidentes, la depresión clínica y la merma de la autoestima. Entre copas (Sideways, Alexander Payne, 2004) se detiene en estas causas, sus consecuencias y la dificultad para luchar una vez “poseídos” por esas sensaciones.

En muy pocos films (que yo haya podido ver) me ha resultado tan certero el retrato de esta problemática compleja. Una joya de esas que se dicen pequeñas pero que de pequeña no tiene absolutamente nada. Con humor, ironía y sencillez aparente nos presenta la historia de un hombre que no ha superado la perdida de su mujer, que rompió la relación hace mucho tiempo. Mientras lucha por olvidar, se siente perdido y fracasado, viendo como sus sueños de ser un gran escritor parecen también desvanecerse. Enmarcado en un viaje a través de una ruta de vinos como fin de soltería para su amigo, opuesto a él, vamos viendo al personaje deambular entre el patetismo y la inseguridad, el miedo y la depresión y, absolutamente ciego, es incapaz de percibir la gran belleza vital, en forma de mujer, que se le pone delante de sus narices, como si de un regalo de Dios se tratase. El solo cae en el absurdo bucle de la auto compasión e insiste obsesivamente en el recuerdo de su ex mujer y su “amor” por ella, que ha rehecho completamente su vida.

Para todos resulta difícil explicar que es el amor de manera concluyente, pero más o menos todos tenemos indicios de que buscamos de él o que desearíamos que nos aportase.  Parece claro que si lo que llamamos “amor hacia otra persona” en realidad nos está destruyendo, deberíamos replantearnos seriamente el término. Si preguntásemos a varias personas alcohólicas acerca de sus motivaciones para continuar bebiendo, encontraríamos respuestas de todo tipo y diversas justificaciones. Lo curioso es que las personas dependientes de otra, adictas a la necesidad afectiva y al vínculo (insano) que han creado con el otro, a la pregunta ¿por qué? responderían con casi toda probabilidad: porque le/la quiero. No puedo olvidarte porque te quiero, he enfermado porque te quiero, no me quieres pero te quiero, te espero mientras tú vives tu vida porque te quiero. Algo terrible que el cine y la poesía han contribuido enormemente a deformar y así, expresiones como “morir de amor” pueden resultar hermosas leídas o vistas, pero verdaderamente crueles vividas

Galardonada con el Oscar al mejor guión adaptado, es precisamente ahí donde radica su mayor acierto. Cuatro personajes con absoluto volumen y todo milimetrado, estudiado y matemático para darnos las dosis justas de humor, drama, realismo y esperanza. Todo tan necesario para nosotros como el aire que respiramos. Consigue no caer en ningún truco viejo y todo tiene un aire a humano puro, con lo bueno y lo malo que eso significa. Elogiables las interpretaciones del cuarteto protagonista, sobre todo de Paul Giamatti y de Virginia Madsen, tan bella como cercana, tan interesante como humana. Difícil (muy difícil) no acabar enamorado de ella tras el visionado de la película.

Abra una botella de vino, recuerde aquello de que “el futuro siempre es nuevo” y disfrute. No espere grandes momentos a lo tierra de tara, ni frases con aspiración a frase celebre al estilo de José Luis Garci, pero si un gran efecto especial, más poderoso incluso que los utilizados en Parque Jurásico, ese que provoca en nosotros el arte que está completamente vivo.

Cine saludable con carácter terapéutico.


Jorge Fernández

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Un comentario el “Entre copas, risas y depresiones

  1. casal-casalita
    1 mayo, 2015

    En la época que nos está tocando vivir, no es de extrañar que esto suceda… Pero nosotros lo hemos provocado o permitido así que no duelen prendas ahora, a lidiar con lo que nos toca.

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Esta entrada fue publicada en 1 mayo, 2015 por en Críticas y etiquetada con , , , .
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