Encuentros du cinema

Upstream Color: Explosión autoral

Upstream-Color-2013

Cualquier disciplina artística desde que conocemos el arte se ha visto tocada por artistas disconformes con las maneras creativas, usadas para generar proyectos en los que verse representados por sus dotes originales, a las que se estaban utilizando hasta la fecha. Siendo el dadaísmo uno de los ejemplos más claros surgido en la literatura de la mano de Tristan Tzara, da pie a que cualquiera con ganas de llamar la atención muestre lo que tienen que contarnos sin miedo a fracasar, ya que siempre tendrán un público al que complacer. Pero romper la dinámica establecida en la mayoría de las ocasiones supone una falta de respeto a la corriente escogida, además de verse a las claras unas ganas inmensas por no pertenecer a ninguna en concreto.

Al igual que Darren Aronofsky nos enseñó como podía hacer que nos volviéramos locos persiguiendo un poco de coherencia en su película Pi (Pi:Faith in Chaos, 1998), Shane Carruth se gusta de principio a fin, hace y deshace a su antojo aunque sea perjudicial para el sentido del film.

Upstream Color (Upstream Color, 2013) es el resultado surgido por una falta de visión objetiva sobre su anterior proyecto, Primer (Primer, 2004), que como en la ópera prima de Aronofsky, aislaba al espectador de un remoto intento de análisis de la historia. Una feria de seres destinados a verse ocultados por la rebeldía en cada linea de guión, con la satisfacción de notarse su autoría como cineasta. Carruth muestra su egocentrismo a niveles pocas veces visto. Se hace responsable de hacer todas las tareas que un film puede englobar. Quiere ser director, actor, fotógrafo además de escribir la historia. Juega a ser titiritero y controlarlo todo en su película. Esta es su película, un capricho vacío y opaco con el que demuestra sus carencias en todas las disciplinas que toca. Un puzzle dadaísta pretencioso y sobradamente motivador para dejar de seguir su cine.

Una historia ilegible sobre el amor y la memoria, montado de una manera poco efectiva en la que sólo el primer tramo de la cinta se salva de que veamos posteriormente Upstream Color como una pérdida de tiempo. Una idea inicial sobre la materia, sobre el cuerpo, o vernos ocupados por algún ser parasitario, que en definitiva quizás puede que sea lo que más nos aterre en algún momento sentir, es lo único que nos alienta para seguir viéndola. Temas que  nos hacen recordar la tónica habitual que David Cronenberg hasta hace muy poco no dejaba de exprimir con indudable acierto como en Vinieron de dentro de…(Shivers, 1975) o la dual Inseparables (Dead Ringers, 1988). El terror de un posible cambio genético, cualquier improbable destrucción corporal, o alterarnos como individuos por agentes externos, nos enseñaba que al público hay que dotarle de protagonismo, dándole un papel principal con el que verse identificado, por muy fantástica o destructiva que fuera la historia, sin hacer de ello un mosaico experimental donde reflejarnos.


Jorge Miguélez

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Un comentario el “Upstream Color: Explosión autoral

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Esta entrada fue publicada en 23 marzo, 2015 por en Críticas y etiquetada con , , , , , , , , , , , , , , .
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